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5 minutos de lectura

Elegir el lugar donde vas a estudiar es una decisión importante. Para eso es mejor poner los pies sobre la tierra, hacer cuentas y tener claro que más allá de las paredes hay algo que importa mucho más y es la motivación individual y la disposición, de eso se trata el aprendizaje. 

Durante la etapa final del colegio me resistí a la idea de estudiar en una universidad privada. Creció dentro de mí esa idea corrosiva sobre qué tipo de profesional quería ser, poniendo como único factor determinante el lugar donde me graduaría. Ojalá alguien de mi edad me hubiera dicho en ese momento que más allá de las paredes hay algo que importa mucho más y es la motivación individual y la disposición: el aprendizaje se trata de disposición. 

Por supuesto que el plantel influye, los profesores y las áreas de investigación deben ser puntos que examines detenidamente a la hora de decidir donde quieres estudiar, pero no te engañes: todo depende de ti. Y para esta elección debes tomarte el tiempo de escuchar qué es lo que realmente quieres hacer y con cuánto presupuesto dispones. Por eso trataré de ser lo más honesta posible. 


Cuando no pasé a la universidad pública sentí que cualquier sueño de un pregrado estaría vetado para mí. Crecí en un hogar de bajos recursos y sabía (de forma equivocada) que la única forma de estudiar era a través de la educación pública. Pero como esa puerta ya estaba cerrada me senté un día a leer sobre préstamos educativos. Hay muchas opciones, y por eso es importante que revises con calma los requisitos de cada una, que escribas tus dudas y que busques en videos y blogs algunas experiencias. Recuerda que no todo es completamente blanco o negro. Que una deuda educativa no es una responsabilidad menor, pero que terminar de pagarla, si te organizas bien, puede ser tan pronto como te lo propongas, y quizá es la inversión más importante de tu vida. 


Me gradué del colegio en 2010. Tenía 16 años. Sabía que quería estudiar Periodismo desde hacía mucho tiempo, pero como dije al principio, no pasé a la pública, así que hice un mapeo de las universidades que ofrecían la carrera. Lo primero que fijé en mi cabeza es que si hacía un préstamo no podía estudiar en una universidad donde el semestre costara una cifra astronómica. Como dicen las mamás: ni mucho que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre. Hice un rango de precios basado en la forma en la que pagaría la deuda. Si voy a pagar una parte mientras estudio, pensé, será un porcentaje mayor al que deba solventar cuando me gradúe: nunca se sabe cuánto tarde en conseguir trabajo. 

Si el semestre costaba más de siete millones de pesos, las cuotas mensuales serían tan altas que me obligarían a trabajar muchas más horas y no podría rendir lo suficiente académicamente. Me sentía como una equilibrista sobre una cuerda a punto de romperse. Muchas noches me vi frustrada cuando encontraba un pensum que se acoplaba a la perfección con mis deseos, pero con precios imposibles de pagar. Llamarle educación pública a un sistema de elección donde tan solo el 10% de los postulantes pasan es una falacia. No es público a lo que una cantidad ínfima puede acceder. 

Es normal que en determinado punto te sientas cansado. 

Puedes hacer una lista con las variantes más importantes para ti, por ejemplo. 

  • ¿Quiero estudiar en el país o en el exterior? 

  • Me interesan los pregrados, los oficios o los programas técnicos 

  • La universidad que quiero está cerca al lugar de mi residencia 

Incluso puedes hacer algún test que te ayude a definir con preguntas concretas cuál sería una buena opción para tu profesionalización, en internet puedes encontrar desde tests de personalidad, hasta qué carrera estudiar según tus intereses personales. 


Después de mucho buscar logré encontrar un lugar donde mi presupuesto y mi deseo quedaban parcialmente a la misma altura. Trabajaba y estudiaba como miles de jóvenes en este país. Y, sin embargo, mi época universitaria ha sido de las más felices de mi vida. Hay muchas variantes que debes tener en cuenta: el gasto en transportes, las copias, la comida. Son entendibles las tasas de deserción escolar en Colombia, por eso cuando hagas tu presupuesto y si piensas en tener un trabajo, deber tenerlas en cuenta. No es un camino fácil, pero no es imposible, el mercado financiero ofrece diferentes alternativas de financiación que pueden acomodarse a tus ingresos, y que al final de camino te mostrará la recompensa. 

No te cases con la idea romántica de la universidad. No te hagas daño. No hay bailes en las cafeterías ni todo se trata de encontrar el amor. La universidad es un mundo de exploración para la adultez y por esa misma razón requiere actitudes de responsabilidad, disciplina y entrega. Pero, también, de creatividad, de emoción, de sorpresa y diversión. Aún no eres el hombre o la mujer que tiene que acertar a la primera (nunca lo serás), así que sé compasivo con tus cambios y tu aprendizaje. 

Para saber dónde estudiar y cómo pagarlo, hazte esta pregunta: ¿cómo se sentirá mi yo del futuro endeudado durante esta cantidad de tiempo? Piensa en ti hacia adelante, te hará poner los pies en la tierra. Para ayudarte hablar con el futuro, pongámoslo así, el equipo de Sufi podrá hacerte un mapa de qué tipo de crédito necesitas según tus necesidades. Pregunta todo lo que necesites y escoge lo que más seguro te haga sentir. 

Esta nota fue producida por VICE 


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